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La Leyenda del Pehuén

Un pueblo mapuche vivía cerca de los bosques de pehuenes o araucarias. Se reunían bajo los árboles para rezar y hacer ofrendas pero no cosechaban sus frutos creyéndolos venenosos.

Hubo un invierno muy crudo, que duró mucho tiempo. Los ríos congelados, los pájaros emigrados, los árboles pelados y la tierra cubierta de nieve. El hambre crecía.

Nguenechen, el Dios creador perecía no escuchar las plegarias, entonces, Lonko (el jefe de la comunidad), mandó a los más jóvenes a buscar alimento a otras tierras. Uno de ellos se encontró con un anciano de otra comunidad que le dijo: -¿No son suficientemente buenos para ustedes los piñones? Cuando caen del pehuén ya están maduros, y con una sola piña se alimenta a una familia entera.

El jefe escuchó atentamente al joven cuando regresó a su tribu y decidieron salir a buscar piñones; los tostaron, hirvieron y comieron.

Desde ese día, los mapuches que viven junto al árbol del pehuén se llaman a sí mismos “pehuenche”, nunca más pasaron hambre y esperan que nunca tan precioso árbol les sea arrebatado.